Fiscal minimiza violencia y culpa a la percepción ciudadana, mientras continúa la ola de asesinatos en Oaxaca
Mientras el fiscal Bernardo Rodríguez Alamilla presume una supuesta reducción en los delitos de alto impacto y asegura que la sensación de inseguridad es solo producto de la percepción ciudadana, la violencia sigue escalando en el estado.
La mañana del lunes, Noé Pérez Urquidi, secretario general de la Confederación Autónoma de Trabajadores y Empleados de México (CATEM) en Salina Cruz, fue asesinado a balazos cuando se disponía a reunirse con otras personas en un restaurante del centro comercial Pabellón, en el Istmo de Tehuantepec.
Según los primeros reportes, se trató de un ataque directo. Sujetos armados interceptaron a Pérez Urquidi y le dispararon a quemarropa, provocándole la muerte en el lugar.
Pese a la gravedad del crimen, la Fiscalía repitió su guion habitual, anunciando el despliegue de un supuesto “equipo interdisciplinario” para recabar evidencias y abrir la carpeta de investigación, sin ofrecer resultados concretos sobre la detención de los responsables.
El discurso oficial contrasta con la realidad que enfrenta la ciudadanía oaxaqueña, que vive en un contexto de impunidad creciente y violencia cotidiana, mientras el fiscal insiste en proteger su narrativa y sus intereses políticos antes que garantizar justicia y seguridad para la población.
